El ser humano, a diferencia de otras muchas criaturas presentes en la faz de la tierra, es un ser egoísta y por lo tanto interpone sus necesidades a las de los demás. Podemos ver por ejemplo como en algunas especies de hormigas, algunos especímenes se inmolan voluntariamente para poder por ejemplo salvaguardar la seguridad de sus hormigueros. Es famoso por ejemplo el comportamiento de una especie de hormiga africana, la cual, al llegar la noche, se retira en sus hormigueros tapando todas las entradas y dejando a algunos miembros de la colonia afuera para vigilar los alrededores. El problema es que al llegar la noche, las hormigas que quedaron afuera se congelan debido a las bajas temperaturas de la sabana africana. En los humanos, estos comportamientos tan heroicos hacia los demás son muy raros y poco frecuentes, y son vistos por la mayoría como modelos a seguir, aunque en otros seres vivientes sean solo acciones del día a día, como en el caso de las hormigas. Pero esto se debe también en parte a una evolución de nuestro subconsciente; el los humanos, y también en la mayoría de los mamíferos, podemos ver como la parte del Yo interior en el cerebro es mucho más desarrollada que la parte que nos impulsa a cometer actos benéficos hacia los demás.
En las comunidades del pasado, como las Poleis de la Antigua Grecia, que sirvieron y siguen sirviendo de modelo para representar las mejores virtudes que una sociedad ha de seguir, vemos como las relaciones entre los hombres eran más estrechas, y los actos desinteresados y heroicos eran vistos como grandes virtudes de los mejores héroes y también eran más frecuentes que en nuestros tiempos. Es por ejemplo famoso el ideal espartano según el cual un soldado era un soldado solamente si caía en la batalla para defender a los demás.
Pero en la sociedad hodierna, el hombre se considera tal solo singularmente, y la sociedad a la que pertenece no se reconoce como parte de él. Por eso podemos ver como el hombre moderno es más egoísta y más atento a sus necesidades que a las de los demás. Pero también es interesante ver como el egoísmo se considera como un ideal vil, aunque la sociedad lo promueva entre sus miembros.
En muchas ocasiones, sobre todo en mi infancia pero también en mi adolescencia, he vivido situaciones en las que mis necesidades se interpusieron a las de los demás. Pero por esto no siento vergüenza, ya que la autocomplacencia es una característica humana común, y como tal ha de ser respetado. Me acuerdo por ejemplo como en una ocasión mi madre me pidió ayuda para terminar alguna tarea del hogar y yo, con la ayuda de variadas mentiras, conseguí escaparme del trabajo y seguir mirando la televisión, en la cual había un programada que me interesaba mucho. Pero este no fue el único acto de autocomplacencia que cometí y seguramente tampoco fue el último que cometeré. Esto se debe a que los humanos, como tales, son más propensos a pensar a si mismo que a los demás. Es raro por ejemplo ver personas que dedican sus vidas a los demás, casi únicos casos en lo que vemos esto es en el amor de una madre hacia sus hijos; pero como dice mi madre, tampoco esto es verdadero altruismo, ya que las madres se tienen que asegurar una buena casa de reposo en la que pasar sus últimos días.
Pero también hay que pensar que, si nosotros no pensamos en nosotros mismos, ¿quién lo hará?
